Segundo delirio de grandeza: La octava asignatura.
Por si quieres escucharla de fondo mientras lees el blog: https://youtu.be/VNTvganFO78?is=622YJrpUkwxgQ8MT o en spotify para que podáis hacerlo con el mismo dispositivo.
Hay momentos en los que te sientes muy pequeño. No porque lo seas realmente, sino porque todo tu alrededor parece más grande que tú: las expectativas, los espacios nuevos, la gente que parece tenerlo todo claro. A veces no es una situación concreta, sino una sensación que va apareciendo poco a poco, que no hace casi ni ruido.
Vivir en un pueblo y estudiar en la universidad implica, muchas veces, habitar dos mundos distintos, tener dos vidas. Uno en el que todo es conocido, cercano y predecible; y otro que exige adaptarse constantemente, moverse rápido y en muchos casos encajar en dinámicas que no están hechas para ti en absoluto. Entre una vida y otra hay un trayecto muuuuuuyyyyyyy largo. Un trayecto que, en apariencia solo sirve para ir de un sitio a otro.
Pero no es solo eso. Hay días en los que tardo más en llegar a la universidad que estar en clase. Y, sin embargo, es precisamente en ese tiempo (entre carreteras, semáforos, gente gritando, auriculares) donde pasan cosas que no aparecen en ningún plan de estudios, ni en ningún currículo.
Porque a veces cuando el entorno te hace sentir pequeño, aparece algo curioso: la necesidad de sentirse grande, muy grande. Pero, no como arrogancia, ni como ego, sino como una forma de resistir.
A veces necesitamos construir una versión más grande de nosotros mismos (a través de la música, la imaginación, los sueños...) para poder soportar realidades que nos hacen sentir muy pequeños. Y es ahí donde toman protagonismo los delirios de grandeza.
No son mentiras, no son fantasías vacías. Son en muchos casos, mecanismos de defensa, formas de reconstrucción. Son momentos en los que, con unos auriculares puestos, dejas de ser solo alguien que va cansado a clase y pasas a ser alguien que piensa, que se proyecta, que imagina algo distinto en un futuro.
La música no cambia lo que pasa fuera. El trayecto sigue siendo largo. Las inseguridades no desaparecen de golpe. Las miradas, las comparaciones o incluso ciertas experiencias difíciles siguen existiendo. Pero sí cambia algo importante: la forma en la que habitas todo eso.
Te permite reinterpretarlo, aunque sea durante unos minutos, te permite no sentirte tan pequeño.
En esos momentos, el autobús deja de ser solo un medio de transporte para convertirse en un lugar donde ordenar emociones, donde desconectar de lo que pesa y conectar contigo mismo. Un lugar en el que sin darme cuenta, también estoy aprendiendo. Porque aprender no es solo memorizar contenidos o aprobar exámenes. También es aprender a sostenerte cuando dudas, a entender lo que sientes, a encontrar formas de seguir adelante cuando algo no encaja del todo. Y eso, muchas veces, no ocurre dentro del aula.
Quizá por eso esos delirios de grandeza son más necesarios de lo que parecen. Porque no tienen que ver con creerse más que nadie, sino con construir poco a poco una identidad que no dependa únicamente de lo que te rodea.
Al final puede que nadie vea el proceso y el trabajo de esta octava asignatura. Nadie evalúa lo que piensas mirando por la ventana, ni lo que sientes al escuchar "Aislamiento" de Rosalía cuando sigues en el antepenúltimo pueblo antes de llegar a tu casa y son las 23:58 y no has llegado. No hay nota, no hay reconocimiento, ni siquiera palabras muchas veces.
Pero esta pasando, y tiene valor. Mucho valor.
Quizá deberíamos empezar a mirar la educación también desde ahí. No solo como lo que ocurre dentro de cuatro paredes, sino como todo aquello que ayuda a una persona a entenderse, sostenerse, levantarse y a crecer, incluso cuando se siente pequeña.
Porque en el fondo, hacerse grande por dentro también es aprender.



Me ha gustado muchísimo esta entrada, Edu, sin duda mi favorita. Esta realidad de la "octava asignatura" muchas veces no es conocida o directamente ignorada. Para los que no vivimos esa realidad esta entrada te hace repensar y valorar la suerte de vivir cerca del lugar de estudio. Me ha gustado mucho la conexión y el valor que le das a la música, "Aislamiento" de Rosalía es el tema perfecto, me encanta.
ResponderEliminarMe ha encantado. Me he sentido súper identificada con el tema del pueblo y lo que son para mí los viajes en bus, que no son ni parecidos a los de metro o autobús urbano aquí en el centro de Madrid. La estética también me parece súuuper chula y muy original. Espero que sigas así!! :)
ResponderEliminarMe ha encantado edu, sobre todo me gusta muchísimo cómo conviertes algo tan simple como un trayecto en autobús en algo con peso emocional. Y hay frases que son de esas que se te quedan (“hacerse grande por dentro también es aprender”). Me ha gustado bastante, me quedo con ganas de seguir leyendo lo que escribas!!!
ResponderEliminarMe has hecho pensar mucho con esta entrada Edu y, aunque mi trayecto no sean 2 horas (pero casi), me he sentido bastante identificada cuando has dicho que usamos esos trayectos de bus y metro para ordenar nuestra cabeza nuestros sentimientos, para asimilar todo lo que pasa en nuestra vida y reflexionar acerca de los acontecimientos y emociones. Gracias por poner en palabras lo que sentía pero no sabía describir.
ResponderEliminar